La memoria y otras capacidades mentales forman parte de nuestra independencia. Nos permite organizar el día, recordar los medicamentos, manejar el dinero, mantener conversaciones y tomar decisiones. Por eso, cuidarla debe ser parte de la atención de toda persona mayor.
Con el envejecimiento puede tomar más tiempo recordar un nombre o encontrar una palabra. Esto no necesariamente significa que exista una enfermedad. Sin embargo, repetir las mismas preguntas, olvidar citas o medicamentos, perderse en lugares conocidos, tener dificultades para manejar el dinero o mostrar cambios persistentes en el lenguaje, el ánimo o la conducta no debe atribuirse automáticamente a la edad.
Esto se aplica tanto a una persona de 65 años como a alguien que tiene 75, 80 o más años. La edad aumenta el riesgo de deterioro cognitivo, pero la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. Cuando la persona o su familia percibe que algo ha cambiado con respecto a su funcionamiento habitual, es recomendable solicitar una evaluación.
No todos los problemas de memoria son Alzheimer
Las dificultades de memoria pueden tener diferentes explicaciones. Algunas se relacionan con enfermedades que afectan progresivamente el cerebro, como la enfermedad de Alzheimer, el daño vascular cerebral o la enfermedad por cuerpos de Lewy. En los adultos mayores también es frecuente que intervenga más de una causa.
Pero no todos los problemas de memoria corresponden a una demencia. La depresión, la ansiedad, el aislamiento social, los trastornos del sueño, la pérdida de audición o visión y los efectos adversos de algunos medicamentos pueden afectar el rendimiento mental. Las alteraciones en la tiroides, la vitamina B12, la glucosa o los electrolitos también pueden contribuir a esta afección.
Estas condiciones nosiempre explican por sí solas todo el deterioro, pero identificarlas es importante porque muchas pueden tratarse o controlarse. Por ello, no e srecomendable asumir un diagnóstico sin realizar primero, una evaluación completa.
¿Qué incluye una evaluación de la memoria?
Evaluar la memoria no significa únicamente responder un test. Es necesario conversar con la persona y, siempre que sea posible, con un familiar cercano que conozca su funcionamiento habitual. Esto permite saber cuándo comenzaron los cambios, cómo han evolucionado y si están afectando actividades como cocinar, comprar, utilizar el teléfono, tomar medicamentos, manejar el dinero o desplazarse sin ayuda.
También se revisan el estado de ánimo, el sueño, la audición, la visión, las enfermedades previas y todos los medicamentos que utiliza la persona. La evaluación puede incluir un examen físico y neurológico, así como pruebas cognitivas validadas, interpretadas de acuerdo con la edad, la escolaridad, el idioma y el contexto cultural. Según cada caso, pueden solicitarse análisis de sangre y estudios de imágenes.
Ninguna prueba aislada confirma o descarta una demencia. El resultado debe interpretarse junto con la historia clínica, los cambios observados por la familia y la capacidad de la persona para desenvolverse en su vida cotidiana.
Más allá del diagnóstico: conservar capacidades
Durante mucho tiempo, las familias acudían a consulta cuando el deterioro ya estaba establecido y la persona había perdido parte de su independencia. El enfoque actual busca actuar antes. El propósito no es solamente ponerle un nombre al problema, sino reconocer los riesgos y ayudar aconservar la cognición, la función y la autonomía.
En las personas mayores, este cuidado puede organizarse mediante una valoración geriátrica integral. Esta evaluación considera de manera conjunta evaluar la memoria, elestado emocional, la movilidad, la alimentación, las enfermedades, los medicamentos, la capacidad para realizar actividades cotidianas y el apoyo familiar y social. Con esta información se elabora un plan individualizado y se establecen objetivos realistas de seguimiento.
El plan puede incluir ejercicio físico adaptado, alimentación saludable, estimulación cognitiva, participación social y controlde la presión arterial, la diabetes, el colesterol y otros factores cardiovasculares. Estas medidas no actúan únicamente sobre la memoria: tambiénpueden favorecer la fuerza, la movilidad, el ánimo, la seguridad y la capacidadpara continuar realizando las actividades cotidianas.
La evidencia muestra que reunirestas intervenciones dentro de un programa estructurado, con objetivos definidos, acompañamiento profesional y seguimiento, puede ofrecer un beneficio cognitivo ligeramente mayor que limitarse a brindar recomendaciones generales para que la persona las realice por cuenta propia y con poco acompañamiento.
Esto no significa que sea posible evitar todos los casos de demencia ni recuperar todas las capacidades que ya sehan perdido. Significa que existen oportunidades para intervenir, tratar los problemas modificables y mantener durante más tiempo las capacidades que lapersona todavía conserva.
En personas de edades muy avanzadas, las recomendaciones deben adaptarse a la movilidad, la fragilidad, el estado nutricional, las enfermedades, la seguridad y las preferencias personales. No todas necesitan el mismo plan ni la misma intensidad de ejercicio. El objetivo será conservar la mejor función posible sin perder de vista la calidad de vida.
Evaluar temprano permite tomar mejores decisiones
La consulta oportuna ayuda a diferenciar entre cambios esperables del envejecimiento, deterioro cognitivo leve, depresión, un estado confusional agudo y una demencia. También permite establecer un punto decomparación para el seguimiento y controlar factores relacionados con la salud cerebral, como hipertensión, diabetes, colesterol elevado, inactividad física, tabaquismo, aislamiento social y pérdida auditiva o visual.
Un diagnóstico temprano no significa que todas las causas tengan cura. Significa contar con información para tratar lo que sí puede modificarse, mejorar la seguridad y permitir que la propia persona participe en las decisiones sobre sus medicamentos, actividades, finanzas, conducción y cuidados futuros.
Por ello, no debemos esperar hasta que aparezca una desorientación grave o una pérdida importante de independencia. La consulta debe comenzar cuando los cambios todavía son leves. Las alucinaciones o los cambios importantes de conducta también deben ser evaluados, aunque la persona todavía conserve su autonomía.
Algunos cambios requieren una evaluación médica urgente. La aparición repentina, en horas o pocos días, de confusión, desorientación, alucinaciones o alteraciones importantes de la conducta puede corresponder a unestado confusional agudo, una infección, un accidente cerebrovascular u otraenfermedad aguda. La preocupación es mayor si estos cambios se acompañan de fiebre, somnolencia excesiva, agitación intensa, dificultad para hablar, debilidad de un lado del cuerpo, convulsiones, una caída reciente o riesgo dedaño para la persona o sus familiares. Ante cualquiera de estas señales, se recomienda acudir a un servicio de emergencia.
Evaluar la memoria a tiempo no es colocar una etiqueta. Es comprender qué está ocurriendo, tratar lo tratable y actuar para conservar la cognición, la función y la independencia. Incluso a los 100 años,un cambio respecto al funcionamiento habitual merece ser escuchado y evaluado.





